Cuatro cafés y una boda (ante Notario)

Para casarse ante Notario

 

CUATRO CAFÉS Y UNA BODA (ANTE NOTARIO).

 

 

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En este post, después de abordar la trascendencia de la celebración del matrimonio civil y plantear la posibilidad de algunos pactos en relación a sus consecuencias personales y patrimoniales, me centraré en la boda ante notario: la posibilidad de oficiarla, el notario competente y el requisito del expediente previo, el rito civil y los trámites posteriores a la boda hasta la inscripción del matrimonio en el Registro Civil.

 

No apto para todos los públicos. 

        Perdónenme que empiece por el principio, pero es que es así... Contraer matrimonio es algo muy "serio”, es decir, que aunque por ahí se vea de todo, no es un juego, no es un asunto apto para todos los públicos, y no se debe hacer a la ligera porque casarse tiene para los contrayentes unos efectos, yo no sé si "secundarios", que conviene conocer de antemano: van a producirse unas consecuencias personales y jurídicas. ¿Por qué?, porque la expresión "matrimonio civil" designa dos realidades: el contrato y la Institución; ese contrato es el pórtico de la Institución. Y así:  

 

        a.- El matrimonio es la boda, el acto de prestar el consentimiento o darse el “sí, quiero”. Visto así, un contrato; las más recientes reformas legislativas han potenciado y destacado este aspecto del matrimonio civil en orden a despojarlo convenientemente de toda connotación ideológica o moral y preservar la necesaria libertad de los contrayentes, en detrimento del edificio institucional. Pero el matrimonio civil es algo más, que son sus consecuencias. Y rompo una lanza para que se reconozca el valor que tiene este aspecto, en beneficio de los propios cónyuges y también de toda la sociedad. La experiencia nos demuestra tozudamente que las decisiones tomadas sin reflexionar sobre las consecuencias de nuestros actos son esas de las que luego, con daño, dolor y tristeza para nosotros y casi siempre involucrando a terceros, nos arrepentimos. 

 

        b.- El matrimonio es una Institución, es, dándole la vuelta a la nomenclatura clásica (comunidad de vida) la vida en común a que se accede con aquel contrato, y que -por lo que aquí interesa- está regida por unas reglas en dos ámbitos: 

         1º.- El ámbito personal de los cónyuges; de sus relaciones, de su modo de vida, asumiéndose con el “sí, quiero”, una serie de obligaciones y compromisos predeterminados legalmente que nos van a vincular, aunque nadie nos pueda exigir su cumplimiento

         2º.- El ámbito patrimonial; y comprende las relaciones económicas entre los casados y de los casados para con el resto de las personas. Se trata de las normas que van a reglamentar tales relaciones y que se denominan "régimen económico matrimonial"; un régimen que, si los cónyuges no definen en capitulaciones matrimoniales, vendrá también predeterminado por la Ley

 

 

Cuatro cafés y una boda.

        Antes de casarse, yo preguntaría a los futuros contrayentes si se han parado a pensar sobre esas dos "realidades" o "perfiles", contractual e institucional, y les aconsejaría que se tomaran un café, si todavía no lo han hecho, y dedicaran un tiempo a pensar sobre esas consecuencias con la ayuda de un profesional, sentando las bases o, verdaderamente, delineando un proyecto matrimonial. Sí, por escrito. ¡Cómo!, sí, por escrito... Bien, y ¿cómo se hacen esas cosas? Pues tomándonos en serio este asunto. Dándonos nuestro tiempo. Hablando, pensando y proyectando. Para que nuestro matrimonio no se quede a las puertas, en el rasgo contractual, y se anticipen y se toquen una serie de futuros posibles conflictos en el momento más adecuado. Con sensatez. Créanme que antes de casarse es cuando las personas están verdaderamente "a punto de caramelo" para hablar de esas cosas de la vida, y lo digo precisamente por la disposición de los novios: es el momento idóneo, el más dulce, el de mejor disposición... para todas las cosas y, en particular, para todas estas cosas. También para eso está la ayuda de los profesionales, que les orientarán hacia los dos elementos fundamentales del matrimonio: las mencionadas consecuencias personales y patrimoniales. Es la ocasión más propicia para sentar las bases de nuestro edificio institucional, de nuestra familia, de nuestro matrimonio. Para que sus fundamentos sean sólidos. Si echamos a andar sin proyecto, lo más seguro es que el edificio se tambalee a las primeras dificultades y se acabe arruinando, e incluso derrumbando, con muy desagradables consecuencias. Sin necesidad de llegar a romper, nos jugamos estar mucho tiempo apagando fuegos por la imprevisión.

         

        Las consecuencias personales son muchas

Y parten de un hecho: como decimos, el matrimonio es una Institución cuyas líneas maestras ya están pre-configuradas jurídicamente, es decir, que el matrimonio -en lo básico- es de una manera; y cuando dos personas quieren contraerlo, manifiestan lo que jurídicamente llamamos el consentimiento "matrimonial", que es una clase de consentimiento específico, cualificado por el hecho de que se acepta con él algo pre-determinado: crear una comunidad de vida cuya Carta Magna son los deberes-derechos de los cónyuges que marcan los artículos 66, 67 y 68 del código civil. Estos derechos-deberes son: 

        - morales, no se puede exigir su cumplimiento a la otra "parte"; se dice en el mundillo jurídico que son inexigibles, incoercibles jurídicamente. 

        - configuradores de un determinado modo de vida en el cual los ejes básicos son: 

1º.- La igualdad de los cónyuges: no una igualdad a ultranza, sino que se trata, por una parte, de que los acuerdos de los cónyuges no se adopten desde posiciones de superioridad de uno sobre otro (igualdad que puede conseguirse si la persona tiene un conocimiento suficiente sobre el asunto de que se trate, de cara a que sea su consentimiento informado) y, por otra parte, que el contenido de tales pactos no implique configurar de hecho una posición permanente de predominio, privilegio o superioridad que implique un desequilibrio de uno sobre otro. 

2º.- El respeto mutuo: cada cónyuge debe observar una conducta que no atente, entorpezca o menoscabe la dignidad del otro o condicione el libre desarrollo de su personalidad. 

3º.- La ayuda mutua: compromiso de colaborar en lograr fines lícitos del otro. 

4º.- La actuación en interés de la familia: este derecho-deber se concreta jurídicamente  en las potestades familiares, que se dirigen institucionalmente hacia un interés superior al de los individuos. 

5º.- La obligación de vivir juntos: supone encontrarse con el otro cónyuge en orden a pasar con él un tiempo acorde con la naturaleza de las ocupaciones de cada uno. 

6º.- La fidelidad: veda el adulterio.

7º.- El socorro mutuo: supone satisfacer -genéricamente- las necesidades de todo tipo del consorte, y en particular, cumplir la obligación legal de alimentos. 

8º.- Compartir las responsabilidades domésticas

9º.- Compartir el cuidado y atención de: 

                      • descendientes.

                      • ascendientes.

                      • personas dependientes

 

La cuestión de la posibilidad de pactos que podrían alcanzarse en capitulaciones para moldear estos deberes o para establecer consecuencias en forma de indemnización, etc... es rica y compleja y da para varios post, de modo que de momento aquí lo dejo.

 

Las consecuencias patrimoniales.

El principal efecto del matrimonio civil en este ámbito es la creación de la denominada sociedad conyugal, sometida a un régimen económico concreto, que depende en principio de la vecindad de los contrayentes, si bien estos pueden acordar cual sea este régimen pactando el régimen que deseen en capitulaciones matrimoniales ante Notario. 

En Cataluña, en la Comunidad Valenciana y en Baleares, en principio el régimen que predetermina la ley para los contrayentes es el de separación de bienes. 

En el resto de los territorios españoles se aplica en líneas generales un régimen de comunidad de bienes, con algunas diferencias entre ellos: régimen de la comunicación foral de bienes en País Vasco, régimen de conquistas en Navarra, consorcio conyugal en Aragón, régimen de gananciales en el resto... 

De momento, les remito una vez más a su Notario de confianza, pues el tema de los pactos capitulares da para otro post. 

 

Y, por fin... ¡Nos vamos de boda!

Respecto al acto de celebración del matrimonio ante notario, la duda que me han planteado con más frecuencia los ciudadanos es si, a pesar de la promulgación de su Ley reguladora, ésta habilita al Notario para casar ya.  Les adelanto que sí se puede.

        La ley de que hablamos es la Ley 15/2.015, de 2 de julio, de Jurisdicción Voluntaria. Su Disposición Final 21ª dispone la entrada en vigor de la misma a los veinte días de su publicación (se publicó el día 3 de julio, por lo que la Ley está en vigor desde el pasado 23 de julio de 2.015), pero aplaza hasta el día 30 de junio de 2.017 la entrada en vigor de los preceptos del Código civil y de la Ley del Registro civil relativos a la tramitación y celebración del matrimonio civil.  

La duda está servida, si bien, dicho de la forma más breve y sencilla, hasta dicha fecha (del 30 de junio de 2.017) aunque los Notarios no podremos tramitar el expediente previo a la celebración, sí podemos en cambio, cuando se nos aporta el expediente ya previamente tramitado ante el órgano competente, celebrar el matrimonio, haciéndolo constar en escritura. Esta duda la despeja la Disposición Transitoria Cuarta de la Ley, que regula específicamente las tramitaciones iniciadas y celebraciones que se produzcan antes de la entrada en vigor de los preceptos del Código civil y Ley del Registro Civil que regulan esos expedientes y bodas; concretamente, los expedientes matrimoniales y celebración de matrimonio que se tramiten y produzcan  ente estas dos fechas: 

        - 23 de julio de 2.015: fecha de entrada en vigor de la Ley de Jurisdicción Voluntaria, y 

        - 30 de junio de 2.017:  fecha de la entrada en vigor de los preceptos de Código civil y Ley del Registro Civil que regulan tales cuestiones. 

Pues bien, esta Disposición habilita expresamente al Notario para celebrar matrimonios durante el período indicado. 


        Como puntos a tener en cuenta, destacamos: 

        1º.- El expediente lo tramitarán los interesados -hasta el 30 de junio de 2.017- necesariamente ante el Juez Encargado del Registro Civil competente, que es el del domicilio de cualquiera de ellos (artículo 238 del Dto 14 nov 1.958, del RRC). También es competente el Juez de Paz, bajo la dirección del Encargado y por delegación de éste (artículo 239 RRC). El expediente se tramita para acreditar la capacidad para contraer matrimonio de los contrayentes así como la ausencia de impedimentos o su dispensa, y de cualquier otro obstáculo que impida la celebración del matrimonio.  

 

Puede empezarse el expediente con un escrito firmado por los contrayentes que contendrá:

- las señas de identidad, incluida la profesión de los contrayentes

- en su caso, nombre y apellidos del cónyuge o cónyuges anteriores, con fecha de disolución del matrimonio.

- declaración de que no existe impedimento alguno para el matrimonio.

- Juez o funcionario elegido para la celebración

- Pueblos en que hubiesen residido o estado domiciliados en los dos últimos años.

 

        2º.- Como vimos, la DT 4ª habilita para celebrar la boda al Notario

                · libremente elegido por ambos contrayentes, 

                · que sea competente en el lugar de celebración; y un consejo práctico para los contrayentes en este punto: que pregunten con antelación a su Notario de confianza para que éste les informe sobre si es competente y sobre su disponibilidad en la fecha prevista de boda. Tengamos presente que, por aplicación de la normativa prevista para la celebración ante el Juez (art. 249 RRC) en principio el casamiento se debe oficiar en el despacho, en día laborable y en horario de oficina; o, dicho de otra manera, no hay obligación para el fedatario de casar fuera del despacho o en día no laborable ni fuera del horario de oficina. Así que lo más prudente y acertado es pasarse por la notaría para resolver este punto con suficiente antelación. 

 

        3º.- El matrimonio; aquí entendido como la boda en sí, el acto de contraerlo. El rito civil del matrimonio es como sigue

                + El Notario leerá a los contrayentes los artículos 66, 67 y 68 del Código civil. 

                + El Notario, después, debe preguntar expresamente a los contrayentes si consienten en contraer matrimonio y si, efectivamente, lo contraen en dicho acto. 

                + Si la respuesta a tales preguntas es afirmativa, el Notario declarará a los contrayentes unidos en matrimonio, y procederá a autorizar escritura pública que será firmada: 

                        • por el Notario. 

                        • por los dos contrayentes. 

                        • por dos testigos.  

                + En la escritura se hará constar  

                       • el examen de la propia competencia notarial. 

                      • el reconocimiento de los hijos habidos por los contrayentes, debiendo haber sido manifestados en el expediente previo los datos de las inscripciones de nacimiento para promover las correspondientes notas marginales (art. 254 RRC) 

                        • en matrimonios celebrados por poder,  

                                - la identidad del poderdante, 

                                - menciones de identidad del apoderado, 

                         - fecha y Notario autorizante del poder, y su juicio de suficiencia. A la escritura  matriz del matrimonio se incorporará como documento unido copia autorizada de dicho poder. 

                        • el día y la hora de celebración del matrimonio (Articulos 258 RRC y 156 2º del Reglamento Notarial). 

                 

        También se incorporará a la escritura, como documento unido, la resolución del Expediente del Encargado del Registro Civil, acreditativa de la capacidad matrimonial, conforme a la Ley y reglamento del Registro Civil  

 

        4º.- Celebrada la boda, el Notario: 

                * entregará a cada contrayente copia autorizada acreditativa de la celebración del matrimonio. 

                * remitirá telemáticamente al Registro Civil -el mismo día de la autorización- copia autorizada electrónica de la escritura de celebración del matrimonio, para su inscripción previa calificación por el Encargado del Registro Civil. Hoy en día, al no estar aún habilitado tal trámite telemático, se sustituye por la remisión fehaciente, a través de correo certificado con acuse de recibo. De la fecha de este acuse de recibo dejará constancia el Notario, por nota al margen, en la matriz. 

 

  Entonces, ¿consultamos al Notario para que nos informe sobre qué trámites tenemos que seguir para casarnos? 

Un Notario nos puede aconsejar muy bien de todo ese 'papeleo', en orden a que todo esté correcto desde el punto de vista legal; pero, además, con el asesoramiento notarial nuestra decisión será, sin duda, la mejor decisión; porque el fedatario nos despejará esas dudas que nos inquietan respecto a cuales serán los efectos legales que traerá consigo celebrar nuestra boda; y de esta forma nuestra decisión estará fundada en un consentimiento informado, consciente y válido, que dará la seguridad jurídica y tranquilidad que conviene a los contrayentes.